Akita, una raza majestuosa

Akita: El mejor amigo del hombre

Los Akita, una raza hermosa y muy buscada a la vez que misteriosa y antigua. María García tiene desde hace casi 3 años uno en su vida, y nos explica de primera mano todo lo que puede conocer de esta increíble raza. 

Hoy vamos a hablar un poquito sobre la raza Akita Inu. Recordad que no soy una experta pero he leído mucho y el tener a Nina en casa me ayuda a poder conocerlos un poco más.

Mi experiencia

Hace ya casi 3 años que Nina llegó a nuestra familia. Era un cachorrito de cabello color canela, típico de los Akita, pero con el tiempo se fue tornando blanca hasta convertirse en una perrita de cabello blanco al completo. Cuando llegó nos sorprendió su inteligencia. Desde el primer día podía ir suelta por la casa, e incluso paseando, ya que obedecía mucho.  En España, actualmente se reconoce el Akita Inu como raza potencialmente peligrosa, por lo que tuve que obtener una licencia y un seguro específico.

Es una perrita extremadamente cariñosa y de un comportamiento excelente. Se muestra dominante ante Sira, la perrita Husky que también vive con nosotros, pero se llevan genial y jamás ha hecho daño a ningún otro animal o persona. Es muy valiente y su instinto la mantiene siempre alerta, pero sin embargo se asusta con facilidad con chorradas como el palo de la fregona o cualquier objeto que caiga y la pille desprevenida.

Con el vecindario se porta bien. Conoce todos los coches y personas que pasan a diario por la calle, y si ve a alguien nuevo ladra. Es debido a su instinto guardián. Por la noche parece otro perro. Con nosotros es la misma, pero se muestra extremadamente alerta, frente a cualquier sonido pide salir y vigilar. Un día intentaron entrar a robar a casa. Antes de que sonara la alarma, Nina ya estaba avisando de que algo no iba del todo bien.

Con Nina he tenido bastante suerte, ya que se trata de un perro tranquilo, leal y muy obediente. La educación es vital y Nina nos lo puso muy fácil.

Historia

La raza Akita viene de Japón, el nombre ya nos da una pequeña pista sobre su procedencia asiática. Para los que no lo sepáis, el nombre de Akita viene dado por una zona de este hermoso país, la prefectura de Akita, donde originalmente se encontraban los perros de esta raza. De entre las 7 variedades de perros que proceden de Japón, el Akita es el más grande.

Es una de las razas puras más antiguas del planeta, con más de 3.000 años de historia, aunque en función de para qué los usaban se les daba un nombre u otro:

  • Matagi-Inu (perro de caza). Eran usados para defender las casas y cazar osos.
  • Kurae-Inu (perro de guerra), utilizado en combate.
  • Odate-Inu (perro de providencia) defensor de la ciudad de Odate, lugar donde nació el famoso Akita “Hachiko”.

En 1931 la raza fue proclamada monumento natural de Japón. Durante la 2ª Guerra fueron perseguidos. Se preservó la raza en algunas zonas agrícolas y con el paso de los años se han convertido en símbolo de riqueza, prestigio y buena suerte.

Características y carácter

Como habéis podido leer, en la cultura japonesa se utilizaba el Akita para muchas tareas ¿Y eso por qué? Son una raza grande, de cuerpo fuerte y musculoso, que podía desarrollar perfectamente cualquier tipo de tarea, sobre todo las tareas de guardia y defensa que, durante muchos años, fueron primordiales en Japón.

En cuanto a carácter, son perros tranquilos y calmados la mayor parte del día. No obstante, cuando cae la noche despiertan su instinto guardián y su intuición les alerta de que deben estar en constante tensión por si algo raro sucede. Intentan siempre proteger a los suyos, la lealtad es su característica más fuerte.

Curiosidades

  • La cola de los Akitas es rizada. De esta forma equilibran el peso de su ancha cabeza con el resto del cuerpo.
  • Durante la Segunda Guerra Mundial fueron capturados y perseguidos. Su piel la usaban para crear vestimenta y accesorios militares, y la carne les servía como sustento en el campo de batalla.
  • En Japón tienen una estatua de lealtad en honor a Hachiko. Hachiko era un Akita que cada día acompañaba a su dueño a la estación y lo recibía a la vuelta. Un día, su dueño murió de forma inesperada mientras estaba en el trabajo, y Hachiko permaneció esperando en la estación de tren durante años hasta que finalmente murió.

María García Beneitez

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